Laboratorio de Ecología del bentos

Dr. Juan José Luis Carballo Cenizo
jlcarballo@ola.icmyl.unam.mx

 

 
La investigación desarrollada en el LEB se centra principalmente en conocer los factores que modulan la diversidad de los ecosistemas rocosos litorales del Pacífico mexicano. Uno de los retos más importantes con el que nos enfrentamos en la actualidad, es el de entender los patrones de la diversidad a escalas espaciales amplias (provincias biogeográficas, océanos), y a escalas temporales largas (> 5 años). Sin embargo, los estudios a estas escalas no son comunes, a pesar del potencial que tendrían para entender los mecanismos que modulan estos ecosistemas. A consecuencia de esto, muchos de los procesos o patrones que se describen en la actualidad no se pueden generalizar, y por consiguiente no podemos predecir los cambios antes de que éstos ocurran. Los estudios realizados por el LEB, en bahías relativamente someras, son positivos al respecto, ya que indican que uno de los principales moduladores de la diversidad del bentos es el patrón de los vientos a lo largo del año, el cual es bastante predecible en lugares como la bahía de Mazatlán. Los patrones de la diversidad a largo plazo son todavía difíciles de explicar, pero estos parecen relacionarse con procesos que actúan a gran escala como son los eventos El Niño/La Niña (ver publicaciones recientes).

 Parte de nuestra investigación también se desarrolla en los arrecifes coralinos, uno de los ecosistemas más diversos del planeta, junto con las selvas tropicales. Un arrecife coralino es una construcción biológica formada por los esqueletos calcáreos de organismos agrupados en colonias de pólipos y algas, y los materiales procedentes de la cementación y fragmentación de los esqueletos antiguos. Su conservación es una prioridad para nosotros debido no solo a su extraordinaria riqueza biológica, sino también a la multitud de productos y servicios que como ecosistemas proveen al hombre. Uno de los grupos más importantes en los arrecifes coralinos son las esponjas marinas, las cuales son filtradoras de la columna de agua, enlazan las cadenas tróficas ya que contribuyen a remover bacterias y otros organismos planctónicos de la columna de agua, incluido un alto porcentaje de virus, y participan en la productividad primaria neta y en la regeneración de nutrientes. Algunas de estas especies tienen la capacidad de excavar el material calcáreo, e intervienen de manera muy relevante en los procesos de bioerosión de los arrecifes. Hasta la fecha hemos identificado 20 especies con la capacidad de degradar el esqueleto del coral, y por tanto con la capacidad de modelar la estructura arrecifal (ver publicaciones recientes). En la actualidad estamos estudiando la biología reproductiva, la tasa de bioerosión, y los mecanismos de dispersión de estas especies en algunos de los sistemas arrecifales del Pacifico mexicano.

 Asimismo, dirigimos grandes esfuerzos para conocer la diversidad de esponjas en una de las áreas menos conocidas del mundo. Las esponjas son los organismos acuáticos multicelulares más primitivos y simples que se conocen, y hoy por hoy es el grupo clave para el entendimiento de la evolución de los metazoarios. Necesitamos conocer la biodiversidad de esponjas de forma prioritaria, por razones de conservación y manejo de zonas litorales, de potencial genético y como fuente de nuevos productos naturales. De hecho, entre los invertebrados marinos, son las esponjas marinas las que contienen el mayor número de moléculas biológicamente activas frente a patógenos y/o frente a diversas enfermedades (ver publicaciones recientes).

Un grupo particular de esponjas, las esponjas coralinas, han despertado recientemente un gran interés debido a su potencial para registrar cambios ambientales en el mar a escalas geológicas (proxy indicators of climate change). Este grupo de esponjas forman su esqueleto calcáreo en equilibrio isotópico con su ambiente, y se consideran como uno de los mejores indicadores de cambio climático en el mar, ya que proveen registros de salinidad y temperatura del agua, y de algunos elementos traza con una antigüedad de hasta 1000 años; una escala mucho mayor que la que se obtiene con los esqueletos de los corales (hasta 500 años aproximadamente). Hasta la fecha, no se ha encontrado ninguna de estas especies en aguas del Pacífico mexicano.

 


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